Oscar López Reyes
El proceso de fusiones institucionales dispuestas por el presidente Luis Rodolfo
Abinader Corona para eliminar duplicidades y reducir el aparato estatal, a fin de
optimizar recursos financieros, suplica ahora un complemento: ellas y otras suplican
ser focalizadas en la perspectiva de un reordenamiento espacial, para la
accesibilidad en la concentración de los servicios a los ciudadanos en puntos
geográficos más cercanos. Sería a mediano y largo plazo.
El crecimiento progresivo y la evolución funcional de muchas de estas entidades
han generado una dispersión geográfica significativa, lo que ha derivado en
mayores costos operativos asociados al pago de alquileres, mantenimiento y otros
gastos fijos derivados de la ocupación de múltiples inmuebles.
En los primeros días de agosto de 1496, Bartolomé Colón fundó la Nueva Isabela en
la margen oriental del río Ozama (posteriormente Parajito y hoy Villa Duarte), y en
1502 luego de su devastación por un ciclón -cuando no existía pronóstico
meteorológico o predicción del tiempo- el poblado fue trasladado por Nicolás de
Ovando a la hoy Ciudad Colonial, que durante más de 450 años albergó a todas las
agencias del Estado.
Con el crecimiento no planificado de la capital, la gran mayoría de las oficinas
públicas se mudaron de la Ciudad Colonial, donde hoy apenas quedan museos.
Esta fragmentación no solo impacta las finanzas públicas, sino también a los
ciudadanos, que en muchos casos se desplazan a diferentes puntos de la ciudad e
incluso desde distintas zonas del país para completar un mismo trámite o recibir un
servicio integral.
Una política de reordenamiento espacial y consolidación institucional permitiría
optimizar recursos, mejorar la eficiencia administrativa y fortalecer la cercanía entre
el Estado y la población a la que sirve.
En tal sentido, se recomienda al Gabinete Asesor del Estado y a los órganos
responsables de la planificación gubernamental a reflexionar y actuar con visión
estratégica sobre esta realidad, impulsando medidas concretas que conduzcan -a
mediano y largo plazo- a una administración pública más integrada, moderna y
eficiente, en beneficio tanto de los servidores públicos como de la ciudadanía
dominicana.
3.- PLAZA DE LA BANDERA
Polígono: Al Norte calle Francisco Prats Ramirez, Al Sur Av. Rómulo Betancourt,
al Este Av. Nuñez de Cáceres y al Oeste Av. Gregorio Luperón.
Área ocupada (1,930,719.37 m²) (6.51 km)
Enclavada en un área de 6.51 metros cuadrados o 1.93 kilómetros cuadrados, en la
Plaza de la Bandera operan 21 entidades pertenecientes al Tribunal Constitucional,
el Ministerio de Defensa, la Junta Central Electoral y otras del Poder Ejecutivo.
4.- PLAZA QUISQUEYA
Polígono: Al Norte Av. Pedro Livio Cedeño,
al Sur Av. San Martí, al Este Av. Ortega y Gasset
y al Oeste Av. Lope de Vega.
Área ocupada (1,195,453.34 m²) (4.25 km)
La plaza más pequeña, la que bautizamos como Quisqueya, se
extiende por un perímetro de 4.25 kilómetros, en los cuales funcionan
15 órganos del Estado, entre ellos dos de los más grandes ministerios:
el de Obras Públicas y Comunicaciones y el de Salud Pública, así como
cuatro centros médicos.
5.-CIRCUITOS DISPERSOS
Un número apreciable de instituciones gubernamentales
están enclavadas en circuitos geográficos dispersos del
Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo. Citemos
algunas de ellas:
Añadido a la fundición y reorganización gubernamental, la dispersión exhorta a la
centralización espacial de los entes oficiales que ofrecen servicios públicos.
Metamorfear procesos complejos, no lineales, implica una pronunciada inversión
financiera, en una cambiante secuencia tecnológica, adaptabilidad arquitectónica y
ambiental, así como apropiados flujos de información. Comenzar la planificación
ahora navega como lo más relevante, porque no se trata de apretar un botón y, fuá,
se abrió el portón.
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