La masiva presencia de haitianos ilegales en la República Dominicana afecta la integridad cultural del país además de lo que implica para el desarrollo de la nación.
La penetración de ilegales del vecino país, sumido en un crisis social, como resultado del control de las bandas armadas es una amenaza para el desarrollo dominicano y su identidad.
Esa invasión pacífico cuenta con el apoyo de empresarios turísticos, de la construcción y agrícola dominicanos y extranjeros.
Los ilegales haitianos que en su propósito de cruzar la frontera cuentan con el apoyo de conductores, choferes y motoristas dominicanos que a cambio de suma importante de dinero logran su objetivo.
Para colmo, cuando estos malos dominicanos son apresados en la acción por las autoridades militares a los pocos días son puestos en libertad por los tribunales.
Estamos frente a un plan peligroso para la existencia de la República Dominicana como nación y es hora de hacer conciencia si se quiera dejar un país a las futuras generaciones.
Ya el transporte público en diferentes rutas es controlado por los haitianos ilegales y lo que es más peligroso son licencia de conducir.
Todos los hoteles en las zonas turísticas dominicana están llenos de haitianos, como ejemplo podemos citar la región este y Puerto Plata.
Los hospitales de maternidades públicos están sobre cargados de haitianas que van a parir a esos establecimientos de salud y no hablar de las plantaciones agrícola, la construcción o vendedores informales en todo el territorio nacional.
Está amenaza que se cierne sobre la República Dominicana requiere de la mano dura del gobierno para además controlar las ansias de fortunas de unas cuantas familias dominicanas que en su afán de enriquecerse ponen en peligro al país.
Detener la incursión de ilegales, buscar y deportar a quienes residen en el país sin permiso y someter a los violadores dominicanos debe ser la tarea de las autoridades dominicanas para garantizar nuestra cultura y nación que en estos momentos está en peligro.